dimanche 21 septembre 2008

ALDERETE SE PINTA SOLO

Por Jesús Pacheco
Fuente: Reforma / México
Domingo, 07 de septiembre de 2008
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En 1998, el artista visual Jorge Alderete salió de Argentina en compañía de Clarisa Moura, su chica, con la idea de vivir un año fuera de su país tras concluir sus estudios de Diseño en Comunicación Visual en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Nacional de La Plata. Después de echar un volado entre España y México, llegaron al DF con intenciones de pasar una temporada en él, conocer, trabajar y juntar dinero para el regreso.

Transcurrida una década, Alderete no sólo ha pasado unos años por estos lares... Ha creado una reputación como artista gráfico a prueba de patadas voladoras y armas alienígenas, lo mismo con su trabajo como ilustrador para revistas o portadas de discos que con sus animaciones para MTV Latinoamérica y Japón o Nickelodeon Latinoamérica y Brasil, o su coparticipación en la apertura de Kong, el primer espacio en el DF que es al mismo tiempo una tienda que una galería, donde se montan exposiciones de diseño, ilustración, cartel o street art, entre otras expresiones de la creación contemporánea.

A manera de celebración por esos 10 años de ilustrar en México, Alderete publica su primer libro de autor, Yo soy un don nadie (Editorial Black Cat Bones), que reúne 44 retratos de personajes que conoció en el Multiforo Alicia, espacio de conciertos al que ha acudido desde su llegada a la Ciudad. Se incluyen además textos de presentación a cargo del artista visual estadounidense Gary Panter, el escritor español Bruno Galindo y el músico mexicano Warpig, y pequeñas anécdotas de Alderete en las que pone en contexto a cada personaje retratado.

Dos libros inspiraron este acercamiento gráfico al Alicia: The Prince of Wales and Other Famous Americans, del artista gráfico mexicano Miguel Covarrubias, y Anthropology a Go-Go, del inglés Mark Wigan Williams. El primero es una compilación de retratos publicada en 1925, cuya primera edición Alderete consiguió hace muy poco tiempo por Internet en menos de 100 dólares (por estos días, hay dos ejemplares disponibles vía Amazon entre 350 y 650 dólares). Y el segundo reúne ilustraciones de Wigan que retratan las modas y tribus urbanas del Londres de los años 80 y que fueron publicadas sobre todo en la revista i-D.

Con motivo del festejo, Alderete platicó con El Ángel sobre sus inicios en la ilustración, sus influencias, el vínculo entre su trabajo y el rock, el tiempo transcurrido fuera de su país y, además, aceptó intervenir gráficamente el retrato que acompaña estas líneas.

¿Cuándo surge la idea del libro?
Hace mucho tiempo que le vengo dando vueltas. Va ser mi primer libro autoral, que nadie me encargó. Es muy pronto para hacer una antología de mi trabajo; entonces cuando surgió esto como un proyecto más conciso, me gustó mucho. No sé en qué momento se disparó, tiene que haber sido entre finales del año pasado y principios de éste. Lo dispararon el hecho de que cumpliera 10 años en México y que aparecieran esos dos libros en mi biblioteca: el de Covarrubias y el de Mark Wigan, que es casi un fanzine.

Como menciona Bruno Galindo en el prólogo del libro, en los tiempos de hoy, la inmediatez y la digitalización de las cosas nos hacen creer que la memoria no es necesaria, no hay un registro para ayudar luego a la memoria. Hoy por hoy, en el MySpace te enteras de un montón de cosas de las bandas y demás, pero no sabes si esas bandas seguirán en activo 10 años después. No hay un recuento de eso. Por supuesto que el libro no lo hice con una intención de registro histórico, tiene más que ver con una cosa vivencial y personal. Pero de alguna manera y en un segundo término, quizá se transforme también en una especie de documento de una escena en particular. Es una reflexión muy arbitraria y muy mía. Es mi filtro de 44 tipos que conocí en un lugar.

¿De qué dependió el número de personajes retratados?
Un poco de las características del libro, la cantidad de páginas y demás, y también pensando en un proyecto atractivo. Un libro de 200 retratos de gente que nadie conoce y demás, se podía tornar en una cosa aburrida. En cambio, un pequeño pantallazo, 44 personas son muy poquitas, y van a faltar un montón más.

Mirada interna, mirada externa En Yo soy un don nadie, hay tres textos a manera de presentación. Alderete quería la visión de alguien de fuera de la escena, pero que conociera la Ciudad de México y que hubiera ido al Alicia; quería su visión para, a través de él, poder explicar al resto de la gente de qué se trataba el proyecto. Por ello invitó al escritor y periodista español Bruno Galindo a encargarse del prólogo. También requería de otro texto de alguien muy de adentro, que es el de Warpig, baterista de Lost Acapulco, quien escribió desde la perspectiva de quien vive la escena día a día. Y el tercer texto es de Gary Panter, y tiene que ver más con la parte artística. Alderete confiesa que fue un honor contar con las líneas de Panter, por ser un ilustrador al que admira desde hace mucho tiempo.

¿Cómo fue el acercamiento de Gary Panter al proyecto?
Nos conocimos más o menos un año atrás, en Nueva York, en casa de unos amigos. Ahí fue cuando surgió la posibilidad de que viniera a exponer en Kong. Ya después nos mantuvimos en contacto por mail. Y cuando vino a Kong pudimos convivir y conocernos más. Por supuesto, yo conocía su trabajo desde hace años y siempre lo había respetado mucho, siempre lo veía como un referente, no sé si en la parte técnica de mi trabajo, pero sí en la parte ética.

¿Qué te atraía de su ética?
Él se inició en la escena punk de Los Ángeles. Entonces trae una carga muy fuerte del do it yourself, el hágalo usted mismo, y para mí fue algo que me marcó siempre. Cuando estaba empezando con mi carrera había mucho de eso, de hacerlo yo mismo, porque no había otra alternativa, pero cuando empezaron a aparecer cada vez más clientes, siempre traté de mantener la independencia como una parte muy importante de mi trabajo.

Creo que eso fue lo que me dio otra proyección, poder seguir desarrollando proyectos muy personales, en donde no tienes que esperar patrocinios ni que nadie viniera a encargarse. Eran cosas que se me ocurrían y que las hacía, e invertía dinero mío. Eso es algo que aprendí de Gary Panter. Él también tiene clientes importantísimos, pero mantuvo siempre una línea de trabajo muy personal, y basándose en el hágalo usted mismo. Eso es algo que le aprendí, que le admiré siempre.

¿Lo llevaste al Alicia?
No, no coincidió ningún fin de semana aquí en la Ciudad. Pasamos por afuera, conoció el lugar por fuera y justo me agarró en el proceso de estar terminando de trabajar con estas ilustraciones, estos retratos. Entonces aproveché que lo tenía aquí para contarle el proyecto y ver qué le parecía. Si bien estéticamente no tiene nada que ver con lo que él hace, sí pude mostrarle el proyecto y hablar de la importancia que tienen estos proyectos de manera personal. Justo antes de irse le dije que si se animaba, que a mí me gustaría tener un texto suyo en el libro. A la semana de su regreso a Nueva York, me envió el texto por mail.

DE ILUSTRADOR A CIENTIFICO LOCO

Tu nombre artístico es Dr. Alderete, ¿de dónde viene, estudiaste medicina?
No, tengo un título de técnico químico, pero en realidad el nombre surgió por casualidad. Estaba trabajando con MTV, coordinando la sección de animación en la web, y en un momento surgió la idea de generar un personaje que fuera las veces de VJ, pero en la web y para presentar las animaciones. La gente de MTV me dijo: Bueno, que el personaje seas tú mismo, en plan animado y en plan científico loco o doctor de película serie B o una cosa por el estilo. Ahí comenzamos a trabajar con la idea de Dr. Alderete. Aunque nunca se llegó a realizar, quedó el nombre dando vueltas, y en un momento lo publiqué en mi página y la gente lo adoptó en seguida.

¿Cuál fue tu primer trabajo como ilustrador, lo recuerdas?
Empecé a hacer cosas antes de estudiar diseño. Cuando todavía estaba en la secundaria, siempre estuve dibujando. Desde que me acuerdo dibujo. Todavía en la secundaria, en Argentina, en la Patagonia, empecé con amigos a hacer un fanzine de cómics. Mi primer trabajo es de esa época. Tenía 14 ó 15 años.

¿Y tu primer trabajo como ilustrador pagado?
Debió haber sido en la misma época, antes de estudiar nada de nada. Creo que fue para la mamá de un amigo que tenía una casa de repostería. Ella necesitaba publicar un anuncio en la revista barrial. Lo que yo le hice, en vez de un anuncio como tal, fue un cartón de humor.

¿Qué disfrutas más de tu trabajo?
La capacidad de sorpresa. Muchas veces hay una distancia entre lo que está en el cerebro y lo que sale de la mano. Por más que tenga años de profesión, siempre existe esa distancia entre lo que me imagino y lo que puedo hacer. En esa distancia siempre hay un factor sorpresa, y eso es algo que disfruto mucho; empezar un proyecto, esbozarlo, y en el proceso ir descubriendo cosas nuevas todo el tiempo. Es reducir la satisfacción de todo esto, como ilustrador y como profesional, a ese ínfimo momento de hacer una línea casi sin querer y que resultó en otra cosa.

FILIAS E INFLUENCIAS

¿Cuál es tu balance personal de los años pasados en México?
Una de las grandes cosas que aprendí en México y que me sirvieron mucho profesionalmente fue relajarme un poco con mi trabajo. En Argentina existía mucha presión. El entorno en general, el circuito de ilustradores y diseñadores ejerce mucha presión. Todos tienen que ser superexitosos y triunfadores, y cobrar muchísimo por su trabajo, y hay un punto en donde toda esa carga te puede jugar a favor o en contra; a mí no me agradaba, lo sentía como una carga, estaba más preocupado en qué iban a pensar mis colegas cuando hacía la portada de una revista que en disfrutar el proceso y luego el producto final.

Cuando llegué a México, estaba trabajando con el diario El Clarín, de Argentina, mi trabajo lo hacía acá y se publicaba en la Argentina. La distancia física me ayudó a poder sacarme un poco esa carga de encima. ¿Qué me importa lo que vaya a opinar fulano o mengano si está a 10 mil kilómetros de distancia? Por supuesto que la presión inconsciente y la exigencia de hacer un trabajo cada vez mejor sigue existiendo, no tiene nada que ver con una cuestión social.
¿Qué has descubierto en las calles del DF que se haya filtrado a tu trabajo?
Muchas cosas. El libro y la exposición tienen mucho que ver con eso. La profesión del ilustrador podría ser -y para muchos lo es- una profesión muy solitaria. Estás dentro de cuatro paredes, en tu estudio, y ahora con la tecnología ni siquiera tienes que salir de tu casa para enviar la ilustración. Para mí siempre fue muy rico salir. Entonces, desde este proyecto que estoy presentando ahora que tiene que ver con gente que conocí en otro lugar, que no tiene nada que ver con el diseño y con la ilustración, hasta ir a las luchas y la gráfica misma de la calle, de los luchadores y las máscaras. Son cosas que empecé a buscar porque me gustaban; no tenían nada que ver con investigación para hacer algún trabajo. Eran cosas que a mí me gustaban. Lo mismo que ir al Alicia. La música y el rock siempre me gustaron y empecé a ir a ese lugar.

¿Cuándo empezaste a ir?
Al mes de haber llegado a México. Para mí siempre fueron importantes otras cosas aparte de mi profesión, y luego esas otras cosas empezaron a mezclarse. La gente que conocí en el Alicia ahora es parte de este proyecto. Ir a las luchas empezó como una cosa de gusto propio y después sin pensarlo ni analizarlo demasiado empezó a filtrarse en mi trabajo.

¿Qué has hallado recientemente en la calle que te gustaría llevar a tu obra?
Todo el tiempo encuentro cosas, y más en esta ciudad que puede bombardearte de información visual. Siempre trato de andar con una libreta. De repente veo algo en la calle y se me dispara un apunte y tomo un boceto rápido. Lo que hago después es volver a esas libretas. Tengo una pila de ellas y cuando tengo un tiempo libre me gusta hojearlas. No lo planeo demasiado.

¿Y crees que haya influido la ilustración de Alderete en México?
Siempre me preocupó mucho la cuestión colectiva. Siempre estuve involucrado en muchos proyectos donde se sumaran más voces y opiniones. Ahora estoy, por ejemplo, haciendo la curaduría de un espacio en La Terraza del Centro Cultural de España, donde van pasando varios ilustradores. Durante muchos años hice la coordinación del suplemento de cómic en la revista española Zona de Obras, donde convivían artistas del cómic mexicanos, argentinos y españoles. Espero que de aquí al futuro mi influencia tenga más que ver con eso, con la gestión cultural, y en poner la ilustración en otro lado. A veces me da la impresión de que está infravalorada. De hecho, hasta que abrimos Kong no existía un lugar estable donde constantemente se hicieran exposiciones en las que el peso de la ilustración fuera importante.

Y donde se consiguieran juguetes y otras cosas relacionadas con diseño...
Juguetes, cómics, diseño. Siempre vi la ilustración como una parte de muchas más cosas. Por eso siempre mi trabajo es más integral. No sé si me podría definir hoy por hoy como ilustrador. Me he metido a hacer tipografías..., y tampoco me considero tipógrafo, pero, bueno, he hecho mis investigaciones por ese lado, y luego combino esas tipografías con mis ilustraciones y ya estoy haciendo diseño... Y luego me meto a la música, entonces esas imágenes tienen también su banda sonora.

Además de las películas serie B, las luchas o la gráfica popular, ¿en dónde más ubicas tus influencias?
En la música, fuertemente. Siempre me gustó mucho el rock, y ya más específicamente, el rock n roll, la música surf, todos géneros antiquísimos. Siempre fue algo que estuvo muy cerca de mí, incluso el punk. Intenté en algún momento tener mi banda en Argentina, pero no puedo tocar dos acordes seguidos que suenen bien, entonces mi forma de estar cerca de la música siempre fue a través del diseño, de la ilustración.

DE MINICOMIC A PORTADA

¿En qué momento empieza a darse ese vínculo entre tu trabajo y los grupos de rock?
En Argentina, una de las primeras cosas que hice vinculada con el rock fueron unos minicómics en los que adaptaba letras de un grupo que me gustaba de la Ciudad de la Plata, los Peligrosos Gorriones, un grupo de mi generación, ningún famoso ni nada. Después tuvo más éxito, pero en su momento era la banda que íbamos a ver en el club del barrio. Hice una serie de adaptaciones de algunas de las letras a cómic y las edité con el consentimiento de los chicos de la banda, se regalaban en sus shows.

Ya aquí en México lo primero que hice -motivo por el cual fui por primera vez al Alicia- fue trabajar con Lost Acapulco. Yo llegué a México cuando estaban grabando su primer disco. Me invitaron a sus ensayos, a ir al Alicia a una de sus tocadas y empezamos a trabajar juntos.

¿Ellos ya conocían tu trabajo?
No, yo llegué acá y no me conocía nadie. Yo estaba trabajando para Argentina, pero acá no tenía ningún contacto laboral ni nada. Lo primero que hice acá fue para una revista que ya ni existe, Rizoma, fue una ilustración que nunca me pagaron. En el mismo número de la revista en que salió publicada, salió una entrevista con Lost Acapulco, donde contaban que estaban grabando su primer disco y bla bla bla, y por lo que contaban, el estilo de música que hacían, me dije: Esta banda seguro me va a gustar. A través de la revista conecté con la disquera, Opción Sónica, y me dieron el contacto de la banda. Resultó que ensayaban a dos calles de mi departamento en la Nápoles. Me acerqué y me invitaron al Alicia. Fui a mostrarles mi trabajo y les gustó. Hubo un entendimiento inmediato. La música que nosotros hacemos es la banda de sonido de esas imágenes. Nunca forzamos nada. La relación funcionó tan bien porque nunca lo vi como un trabajo por encargo.

Has ilustrado discos de grupos como Los Gatos, Los Explosivos, Fenómeno Fuzz... ¿Qué debe tener un grupo para que aceptes ilustrar sus discos?
Si la banda me gusta, accedo a hacer sus discos. Por supuesto que de todas las bandas con las que he trabajado algunas me gustan más que otras. Como para mí siempre fue muy importante ser honesto, con decir voy a escuchar el disco y voy a ver qué me sugiere esta música y qué imagen me dispara, y realmente vivir el proceso creativo, por lo mismo nunca fui a ofrecer mi trabajo a EMI, a Sony o a BMG ni a otra disquera grande. Eventualmente, ha coincidido que la banda firma contratos con una de esas compañías, pero el contacto es con la banda. He hecho desde los Straitjackets, que puede ser una banda consagrada dentro de una escena, hasta bandas nuevas. Me importa mucho el espíritu y la frescura de las nuevas.

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